jueves, 18 de agosto de 2011

Cambalache José Luis Escalera

25 de julio de 2011

Con el inicio de las obras en el “Viaducto Zaragoza” y los daños que causarán a la zona de monumentos una serie de puentes que se piensa construir, muchas personas están preocupadas por la tristemente cierta posibilidad de que el centro de Puebla deje de ser “Patrimonio de la Humanidad”. Si bien esta condición de “ciudad patrimonio” es legítimo orgullo para algunos, perderlo no es algo que me preocupe tanto como otros temas importantes para la ciudad de Puebla, pues es en ellos donde están en juego su habitabilidad y su futuro. La declaratoria de ciudad patrimonio de la UNESCO cumplió una función importante cuando en 1987, gracias entre otras cosas a dicho nombramiento, supimos que las casas viejas que tirábamos valían mucho más –artística, cultural, histórica y patrimonialmente- que las cajas de zapato vidriadas que las sustituían. Casi veinticinco años después, me parece que ya es hora de prescindir un poco de nuestro valedor parisino para asumir una actitud más activa y madura; ciertamente la UNESCO no va a cuidar del centro, restaurar sus casas viejas, pintar sus fachadas ni barrerá sus calles; no vendrá a vivirlo, a disfrutarlo, porque eso nos toca a los poblanos. Lo que necesita no solo el centro sino Puebla toda es una sociedad despierta y activa con gobernantes inteligentes que le dediquen talento, recursos, trabajo y dedicación. Si fuera posible, le devolvería a la UNESCO el título de ciudad patrimonio a cambio de ciudadanos y funcionarios públicos preparados, trabajadores, comprometidos y honestos.
Como señaló recientemente Ana María Ashwell, los datos con los que el gobierno del estado pretende justificar, desde el punto de vista vial, la construcción de los puentes del viaducto Zaragoza dentro de la zona de monumentos de Puebla son “un error o una mentira”. No me sorprende que nuestros gobernantes se equivoquen o mientan. Tampoco me sorprende, pero en esta ocasión me indigna más, que vean su puesto como trampolín para el próximo, que dediquen tantos recursos a vistosas obras que básicamente operan a favor de su “carrera política” y tan pocos a las obras que en verdad beneficiarían a los ciudadanos que dicen servir. Sobre todo, me aterra que sigan pensando que van a resolver las necesidades de movilidad de Puebla con base exclusivamente en el coche particular. La reciente eliminación del impuesto a la tenencia y uso de automóviles es una muestra lamentable de esta peligrosa y populista ceguera, ratificada ahora con el inicio de esta absurda obra que nadie pidió y el silencio e inmovilidad, por ejemplo, en torno al BRT (o “Metrobús”), celebrada promesa de campaña del actual gobernador, que por lo pronto sigue en eso, en promesa.
El modelo estadounidense de ciudad, basado en la baja densidad de construcciones, la zonificación extrema, las grandes distancias y el coche particular, está agotado y al borde del colapso; en Puebla aún no nos enteramos, así que lo intentamos imitar con menos dinero, ningún árbol y más mañas, impunidad y, para decirlo brevemente, estupidez. No hay que ser un experto para saber que las mejores ciudades del mundo, que por cierto no son San Antonio ni Houston ni Miami, combinan y entrelazan una serie de medios de transporte para integrar su sistema de movilidad urbana e interurbana. Su sistema incluye elementos tan variados como autobuses, BRT´s (el nombre técnico de lo que en el DF llaman Metrobús), trenes subterráneos, coches, motos, autobuses obligatorios para transporte escolar, trolebuses, bicicletas, taxis, banquetas, calles peatonales, trenes y un largo etcétera. En contraste, ignorantes de cómo deben afrontar el tema de la movilidad, o quizá deseosos de compartirnos el placer y el privilegio que proporciona moverse de un lugar a otro en cómodas camionetotas con chofer, nuestros gobernantes se empeñan en construir calles y más calles para uso exclusivo de los coches particulares y algún viejo autobús atestado -ya qué- sin darse cuenta del daño que alegremente promueven. El colapso llegará tarde o temprano: un sistema así primero agotará el espacio; después, el petróleo. Y mientras esto sucede, la vida en Puebla, llena de coches circulando a vuelta de rueda, se irá deteriorando más y más.
El paradigma que hay que cambiar es el del coche particular como elemento clave y casi único para la movilidad en la ciudad de Puebla, y no es fácil ni popular hacerlo. Y es que todos crecimos con la idea equivocada de que en la ciudad hay que moverse en coche, podamos o no comprarlo.
Arriesguémonos a cambiar este paradigma tan arraigado: el transporte público ha de ser el eje de un sistema multimodal de movilidad urbana e interurbana para Puebla que deberá sumarse al auto particular -gravado con impuestos significativos y etiquetados para subsidiar las rutas de BRT´s y de autobuses de última generación circulando puntuales en rutas viables técnicamente- a la construcción de carriles para bicicletas, la creación de banquetas anchas y caminables por toda la ciudad, la construcción de una red de estacionamientos públicos alrededor del centro y otras zonas de conflicto, el sostenimiento de un sistema de bicicletas públicas en renta, lo que daría a Puebla la movilidad sensata y digna que necesita ahora y en los próximos años.
En Puebla, a falta de opciones, hemos visto al coche particular como la única manera de movernos. La creación de esas opciones debería encabezar la agenda de nuestros gobernantes; el problema es que eso implica hacer política justo en el sentido de la palabra que nuestros políticos nunca aprendieron: construir la ciudad junto con sus habitantes, discutir sus modos de convivencia y movilidad en reuniones para escucharlos, pensar con ellos, dejarse convencer, convencerlos y trabajar por una ciudad deseable para todos. Lamentablemente es un proceso lento y menos mediático, mucho menos útil para su futuro político: es más rentable electoralmente hacer calles con enormes y vistosos puentes, se ven mucho, son fotogénicos y se les puede poner una placa llena de nombres o frases humanísticas. Y mientras tanto la ciudad y sus habitantes que se fastidien. Como si no lleváramos muchos sexenios y trienios sufriendo las improvisaciones y ocurrencias de nuestros gobernantes, su egocentrismo convenenciero; son muchos años de verlos llegar, escuchar sus promesas y atestiguar cómo se llevan nuestros impuestos dejando a su paso, agravados, los problemas. La movilidad en la ciudad de Puebla es un asunto que no debe posponerse sino enfrentarse enérgicamente con la mejor tecnología, los mejores ciudadanos y los mejores políticos. La primera existe, podemos pagarla y echar mano de ella para nuestro beneficio. ¿Se puede decir lo mismo de nosotros los ciudadanos y de nuestros políticos?

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